Honestidad















Siento bostezar
todavía un poco en mi garganta
a esta honestidad
que anoche
se me escapaba como humo.

Y me pregunto
si no sería mejor
que todos en esta ciudad
durmiésemos un poco mas.

Para no bostezar tanto
y no mancharnos
de honestidad y frustración
las caras los unos a los otros.
(2001)
(foto Josefina Arcioni)

…tiempos equivocados volando entre nosotros

como el viento que penetra el valle que nos separa,

porque somos dos montañas

inmensas y poderosas

a punto de explotar de soledad y belleza

enfrentadas y esperando

que el centro de la tierra nos una…


(2005)



Todos amamos

(de una manera u otra).

Todos bostezamos

(aunque unos más

y otros menos).

Todos respiramos

y latimos

(eso nos hace

parte de la vida).

Todos reímos

(con distintas frecuencias

y sonidos

y alturas).

Todos lloramos

(ya sea por dentro o por fuera).

Todos vivimos bajo el mismo sol

(y bajo su misma ausencia).

Todos amamos.

Todos somos humanos.


(2003)
(foto Josefina Arcioni)

No apagues la luz

que mi sombra

me abraza

y me ahoga

extrañando la muerte.


La muerte

que me acunaba

antes de entrar

(nadando)

en esta vida

cubierta de sangre

pus

y angustia por nacer.

(2007)



Ya me estaba costando distinguir el pasado del presente:
lo que había sido estaba siendo, y estaba siendo a mi alrededor,
y escribir era mi manera de golpear y de abrazar.(…)
Se lo comenté a don José Coronel Urtecho:
en este libro que estoy escribiendo, al revés y al derecho, a luz y a trasluz,
se mire como se mire, se me notan a simple vista mis broncas y mis amores.(…)
-No te preocupés- me dijo-. Así debe ser. Los que hacen de la objetividad
una religión, mienten. Ellos no quieren ser objetivos, mentira: quieren ser objetos,
para salvarse del dolor humano.
(de Eduardo Galeano)


Entonces tomo el lápiz y escribo. Involuntariamente. Por instinto de supervivencia. De conservación. De perpetuación. Para descargar lo que ya no me entra en el cuerpo.
Al principio cuesta mucho: luchar con la hoja en blanco, juntar las palabras precisas (que sean espejo de la emoción), encadenarlas y coserlas al papel. Pero después la mano se acostumbra al movimiento, el alma al sentimiento, y el renglón (impreso o invisible) al peso de la escritura. Y todo se sigue dando casi automáticamente. Como llevado a cabo por una fuerza extraña incontrolable que descarga su energía a través de mi brazo derecho. Y no me alcanza con una sola idea. Una imagen salva a otra y esa otra, a otra, y va siendo vomitado interminablemente todo lo que me completa. Hasta que es necesario interrumpir la catarsis y terminar de una vez por todas con el exorcismo.

Después de la tormenta vuelve la paz, el silencio y el aire.

Uno de mis maestros dice que escribir es su manera de golpear y de abrazar. La mía también.
De golpear y de abrazar.
De morir y de renacer.
Y de reír.
Y de pensar.
Y de llorar.
Y de gritar.
Y de soñar.
Y de protestar.
Y de amar.
Y de odiar.
Y de sufrir.
Y de gozar.
Y de mirar.
Y de sentir.
Y de vivir.
Y de decir.
Eso. Es mi manera de decir.

(abril.2003)
(foto Corbis)

Capicúas

(2000)