Podría ser París

Volvamos a encontrarnos. En varias decenas de años. Cuando nuestra energía sea sólo para mirar atrás nuestro pasar como a un museo. Volvamos a encontrarnos en una ciudad que sea en partes iguales melancólica, fría, honesta y profunda. (Podría ser París.) Compartamos una copa de vino negro. Tengamos sobre los hombros varios ex maridos y ex mujeres, varios concubinatos y matrimonios y desamores, varios hijos y tal vez nietos. Estemos sólo para ver los frutos de todo aquello que tuvimos y que hicimos. Volvamos a encontrarnos para repasar lo que recorrimos, juntos, y separados. Para pensar en lo que fuimos y en lo que podríamos haber sido, si hubiéramos sido más valientes. Podríamos entonces desear volver a tener otra vida entera, para haber tomado otras decisiones y no haber sido tan arrogantes con el tiempo y el destino. Podríamos desear habernos mirado más a los ojos y menos al espejo. Podríamos tragarnos el arrepentimiento para profesar resignación, detrás del orgullo; y nunca jamás enterarnos de lo que le pasa por las costillas al otro
Volvamos a encontrarnos. En varias decenas de años. A ver si entonces entendemos lo mal que estamos haciendo.
Siempre vamos a querer estar juntos
pero nunca vamos a poder,
me dijiste.
Aunque yo pensé:
Siempre vamos a poder estar juntos
pero nunca vamos a querer.

Y así estamos todavía:
retorciendo las palabras
a ver si nos entendemos.
Buscándonos sin querer encontrarnos
y encontrándonos sin habernos buscado.

Gratitud



gratitud

que me infla las muelas

me emociona los dedos

me mancha la panza


gratitud inevitable

entrándome en los pulmones

en los lunares

debajo de las uñas

adentro de los ojos

encima de la lengua


gratitud intoxicante

serena

que escribe mis paredes

raya mis vidrios

ensucia mi suelo

ríe en mi cama

y en mi baño


gratitud que amenaza con quedarse

para siempre

y se queda


gratitud


y nada más


(2009)

(foto Corbis)














No se trata

de escribir millones de metáforas

o rimas

en una poesía inolvidable.


Se trata

de activar los viejos mecanismos del alma

para poder armar

un pedacito más de eternidad.

(2000)

(Foto H. Cartier-Bresson)

Perdida


“No estaba.

¡Estoy seguro!

No estaba.

Me he perdido.”

(Oliverio Girando)

Más perdida

que navidades viejas,

y anteojos en desuso.


Más perdida

que la infancia,

los sueños concretados,

los sueños sin concretar,

y los segundos anteriores a este segundo.


Más perdida que el tiempo indómito.


Más perdida que mi propia sangre entre tanta anestesia.


Perdida.

Bien

(pero bien)

perdida.

(2004)

(imagen Leon Ferrari)




antes de convertirme definitivamente en hielo sentiré cómo las agujas que velan por los segundos agotados se me clavan en cada uno de los poros liberando una burbuja de agua y veré al lunar del cielo ponerse blanco y derretirse sobre el tajo del mar tan rápido que mis ojos se quemarán sin pausa ni dolor
y así moriré por fin

(2006)
(foto Corbis)

Ella se hace arena



Ella se retuerce

se estremece

se acalambra

se encoge y se agranda

se mueve

espasmódica.


Él la sostiene

clavada, atrapada,

la trae y la lleva

la empuja y la abraza

con sus brazos la envuelve

la aleja y la acerca.


Ella tiene una herida

al rojo vivo

y latiendo

hinchada y dolorosa

dolorosa y placentera.


La herida

se agranda

y él acelera.


Ella gime

para que él la recuerde.


Y de pronto

en el último espasmo que la acerca al primer espasmo

ella empieza

a disolverse

a hacerse arena

a volarse con el viento

a caerse

a perderse

y a escurrirse entre los dedos

inatajable

incontenible

incapturable.


Ella se hace arena

resbaladiza

inevitable

irremediable

irreversible

se disuelve y así


él la pierde.

(2008)

(imagen Corbis)