transparente
y opaco
de a rachas.
Caudaloso.
Sinuoso.
Peligroso.
Y seguro.
Toco el agua con la puntita de mis dedos
y lo siento helado
y de tan helado tibio.
Y hace cosquillas
y molesta.
Pasan peces
en el fluir sin pausa
pasan hojas.
Se refleja el sol en lengüitas blancas.
Se ve el fondo
por momentos
y por momentos
se adivina.
El agua se empuja a ella misma
se abre camino
asiente y sigue,
con un gemido libre
soberbio
e inevitable.
A mis pies corre un río
sin remedio
y sin excusas,
nace justo en la frontera de mi cuerpo
contrastando con lo quieto
de mis piernas bien plantadas.
Y la corriente me llama
me asusta
y me prueba.
A mis pies corre un río
gigante
y desconocido.
…
¿Me sumerjo?
Hablemos
De cómo la belleza se parece a la locura.
De cómo quebrar algo se parece tanto a amarlo.
De cómo todo lo que vemos, tocamos o escuchamos no es una verdad sino una convención.
De cómo en realidad no puede explicarse con palabras cualquier cosa que sea que nos erice la piel.
De cómo morimos, siempre, solos, por más que alguien nos mire y nos apriete las manos.
De cómo uno se construye solito cada una de sus cárceles, cada una de sus mordazas.
De cómo según Juarroz pensar en alguien se parece a salvarlo.
De cómo tener algo es lo mismo que perderlo.
De cómo el ser humano no es feliz porque no es lo que desea en realidad.
Hablemos.
La cabeza contra la pared, toma 327
Podría ser París
Volvamos a encontrarnos. En varias decenas de años. A ver si entonces entendemos lo mal que estamos haciendo.
Gratitud
gratitud
que me infla las muelas
me emociona los dedos
me mancha la panza
gratitud inevitable
entrándome en los pulmones
en los lunares
debajo de las uñas
adentro de los ojos
encima de la lengua
gratitud intoxicante
serena
que escribe mis paredes
raya mis vidrios
ensucia mi suelo
ríe en mi cama
y en mi baño
gratitud que amenaza con quedarse
para siempre
y se queda
gratitud
y nada más
…
(2009)
(foto Corbis)