Indicaciones para cruzar el río

   Para cruzar el río hay que, antes de todo, querer cruzarlo. Para eso hay que mirar la otra orilla, o por lo menos tener la confianza de que, aunque nuestros sentidos no la sugieran, está.
   Después hay que animarse a tirarse. Y entonces, tirarse. Hay que mojarse, sumergirse, enfriarse. Hay que luchar contra la corriente natural del río. Hay que ejercitar respirar, y no respirar. Hay que acalambrarse, cansarse, frustrarse, desesperarse, hundirse, sentirse morir y abandonarse.
   Pero después hay que saber que se puede seguir, y volver a mirar la otra orilla, o por lo menos, tener la confianza de que, aunque nuestros sentidos no la sugieran, está.
   Hay que entender que tal vez este río es parecido a otros ríos que ya cruzamos, pero no por eso va a costarnos menos.
   Entonces hay que recuperarse, resistir, aprender a flotar, aprender a moverse, aprender a usar la fuerza del río a nuestro favor, aprender a soportar el frío, aprender a sortear los remolinos. Y hay que nadar, nadar y nadar.
   Hay que comprender que no hay un tiempo estimado para cruzar, y tal vez no dependa de nuestra voluntad ni vitalidad, sino del antojo del río mismo.
   Hay que saber que cuánto más cerca está la nueva orilla, más nos costará alcanzarla.
   Pero llegaremos. Y cuando lleguemos hay que agarrarse fuerte a la orilla, y arrastrarse sobre ella sin dejar que el agua nos chupe otra vez el cuerpo.
   Y hay que levantarse, y sentir la tierra firme bajo los pies.
   Hay que mirar el suelo y reconocerlo, y mirar el río y reconocerlo, y mirar la orilla que dejamos y reconocerla.
   Hay que abandonar los mareos y los síndromes de abstinencia, los síntomas post-traumáticos y el miedo al éxito.
   Hay que darle la espalda al río, con su fuerza, su frío, su turbulencia, sus remolinos y sus mareos.
   Y hay que echarse a andar.

Big Bang

Dice la Teoría del Bing Bang que este universo era una aceituna bien pesada que explotó y se hizo polvo que empezó a mezclarse con vacío, y de ese polvo se hicieron las estrellas y las personas, y dice que todavía estamos en la resaca de esa explosión porque seguimos esparciéndonos desde el centro hacia fuera.
-El espacio está en expansión- dicen los astrofísicos que saben.
Pero yo creo que este universo todavía se esta desperezando, y se estira y bosteza y se estira, porque acaba de despertarse, y todavía le queda mucho por andar en este día.

Tambores

Si escuchas un ensamble bien numeroso de tambores, cajones, accesorios, y cualquier otro instrumento de percusión, haciendo mucho ruido y en un lugar cerrado, te parece que los tambores te hablan. Un coro de fantasmas corona paredes y techos, y pensás que son los que tocan que al mismo tiempo están cantando. Escuchás vocales largas, cortas, y moduladas con melodía. Diptongos y hiatos, agudos y graves, vibrantes y bien definidos, y guturales y casi imperceptibles. Puede que te sugieran ser cantos de invocación a quién sabe qué divinidad de la percusión.
-Es el retumbe de los armónicos- dicen los tamboreros que saben.
Pero yo creo que son los espíritus de un montón de nenes, negritos y con el pelo en mota, vestidos de dorado y riéndose muy fuerte. Un montón de africanitos, que al vernos tan blancos, jugando a tocar, se ríen y nos recuerdan que todo tambor y todo ritmo, son suyos primero.

29 de noviembre de 2011 - una mañana de silencio

Anoche soñé con Gustavo.
Tenía los ojos abiertos, y reía, y volvía a cantar.
Estaba sentado en la mesa de un bar muy bonito, en un barrio muy fino de la ciudad.
¿Ya te despertaste?, le preguntaba yo.
Y él sin entender mi pregunta se pedía un café y se dejaba admirar.

Idea

No soy hecha
dentro de entrañas
ni en sangre
ni de pus
ni con células.

Soy hecha
dentro de una Mente
que al pensarme me da vida
desde siempre
para siempre.

Soy una idea
infinita y perfecta
y por eso no enfermo
ni me muero
ni me voy.
Cuando me muera quiero
mirar al cielo
bien arriba y bien afuera,
o sea
bien abajo y bien adentro
y decir
Gracias
por todo lo que implicó este viaje.
A mis pies corre un río
transparente
y opaco
de a rachas.
Caudaloso.
Sinuoso.
Peligroso.
Y seguro.

Toco el agua con la puntita de mis dedos
y lo siento helado
y de tan helado tibio.
Y hace cosquillas
y molesta.

Pasan peces
en el fluir sin pausa
pasan hojas.
Se refleja el sol en lengüitas blancas.
Se ve el fondo
por momentos
y por momentos
se adivina.

El agua se empuja a ella misma
se abre camino
asiente y sigue,
con un gemido libre
soberbio
e inevitable.

A mis pies corre un río
sin remedio
y sin excusas,
nace justo en la frontera de mi cuerpo
contrastando con lo quieto
de mis piernas bien plantadas.
Y la corriente me llama
me asusta
y me prueba.

A mis pies corre un río
gigante
y desconocido.



¿Me sumerjo?